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Guía OncoSur de diagnóstico y tratamiento del dolor

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relativamente estable y adecuadamente controlado”. La definición más reciente y aceptada es la

realizada por la Association for Palliative Medicine of Great Britain and Ireland, que se refiere

al DI como “una exacerbación transitoria de dolor que aparece, ya sea espontáneamente o rela-

cionada con un desencadenante concreto, predecible o impredecible, a pesar de existir un dolor

estable y adecuadamente controlado” (2). Esta definición la comparte la European Association

for Palliative Care en su documento de consenso sobre el manejo de opioides para el tratamiento

del dolor oncológico.

El DI se asocia a sufrimiento psicológico, deterioro funcional y empeoramiento de la calidad de

vida. Los pacientes que padecen estas crisis de dolor suelen mostrarse más insatisfechos con la

terapia analgésica, presentan limitaciones funcionales por la existencia del dolor y asocian niveles

más altos de depresión y ansiedad. Además, un alivio inadecuado del DI supone una sobrecarga eco-

nómica para el sistema sanitario, ya que estos pacientes suelen tener más visitas hospitalarias, más

prescripciones farmacológicas y estancias hospitalarias más prolongadas (2).

2. CRITERIOS DIAGNÓSTICOS

Dada la importancia de identificar de forma correcta este tipo de dolor, y no confundirlo con otras

entidades, Davies y cols. publicaron un algoritmo diagnóstico basado en uno previo de Portenoy, en

el que plantean tres preguntas que pueden ayudar al diagnóstico diferencial (3):

1. ¿Tiene usted dolor habitualmente?

2. ¿Está el dolor basal adecuadamente controlado?

3. ¿Presenta usted crisis transitorias de dolor?

Si el paciente contesta “sí” a las tres preguntas, podemos confirmar el diagnóstico de DI.

Estas tres preguntas engloban los tres criterios diagnósticos de DI:

1. Presencia de dolor basal: presencia de dolor persistente durante al menos 12 horas del día duran-

te la semana previa a la evaluación (o dolor que existiría si no tomase analgesia).

2. Dolor basal adecuadamente controlado: no hay dolor o es leve, durante 12 horas al día, la sema-

na previa a la evaluación.

3. Existencia de exacerbaciones transitorias del dolor.

Por lo tanto, con estos criterios no se consideran DI los episodios de dolor intenso sin la existencia

de dolor basal (dolor transitorio), episodios de dolor intenso en un paciente con dolor basal inadecua-

damente controlado (dolor no controlado), episodios de dolor durante la titulación de una analgesia

opioide ni el dolor que aparece cuando el efecto de la analgesia de base disminuye (habitualmente

antes de la siguiente dosis de un analgésico pautado) y que se denomina “dolor por fallo final de do-

sis”. Este último tipo de dolor había sido considerado un subtipo de DI pero actualmente no, ya que

no se trata de un dolor que “irrumpa” en un dolor basal bien controlado, sino que se debe a un declive

de la analgesia basal emergiendo el propio dolor basal (4).